Cuando venimos al mundo tenemos algunos reflejos útiles para la supervivencia, pero seguimos estando indefensos, ya que la corteza cerebral es bastante inmadura y es la responsable de todos nuestros pensamientos, sentimientos, recuerdos y acciones voluntarias conscientes.
Las neuronas de la corteza no están bien conectadas, pues estas producen la mayor parte de sus conexiones sinápticas después del nacimiento. Con estas nuevas conexiones se producen los patrones mentales, como la visión de los colores, el gusto y textura de la comida, el sonido,el tacto, etcétera.
La cantidad de sinapsis sigue en su punto máximo hasta los 8 años de edad y a partir de aquí va disminuyendo gradualmente hasta los niveles de adulto. Por eso se dice que un niño absorbe los conocimientos como si su cerebro fuera una esponja, porque es cuando estas neuronas se organizan y comienzan a establecer conexiones entre ellas a una velocidad irrepetible. Y es durante esta etapa cuando estás células se mielinizan: es decir, establecen sus conexiones unas con otras. Esta red neuronal va creando patrones que irán marcando nuestra trayectoria.
Pronto mis patrones adquiridos me hicieron ser creativo, independiente y emprendedor. Me decanté hacia las matemáticas y, aunque juntar letras no se me daba mal, prefería crear historias e imaginarlas que leer las de otros.
Las actividades educativas en el Bachillerato favorecieron mi conocimiento matemático de manera simultánea a mi afición al fútbol. Los ingredientes imprescindibles para adentrarme en el mundo mágico de las quinielas. Mi intención era encontrar la fórmula prodigiosa que acertara todos los encuentros de la semana. Tenía una cosa clara: con el juego se perdía, pero con la apuesta se podía ganar. Jugar era comprar un décimo de lotería, el cupón de la ONCE, echar una primitiva o ir al casino. Apostar era rellenar una quiniela.
Así que me fui dejando llevar por mi intuición. Construí estadísticas y rellené folios y folios de informes y memorias sobre innovadores algoritmos con fórmulas aplicadas a la predicción de resultados.
Pensé que estos sistemas me llevarían a otra realidad, a otros mundos paralelos, en los que sí lograría la materialización y culminación de la fórmula mágica que transformaría ese conocimiento no observable en conocimiento observable. Es decir, en un valor económico.
¡No quería pasar toda la vida detrás de un mostrador! La tienda de lencería que había montado a los 17 años, había mutado cuatro años más tarde en un almacén. Trabajaba en algo que no me apasionaba demasiado, pero que daba lo suficiente para vivir. No era un negocio próspero, además, no me veía dentro de 10 años acarreando cortinajes, rieles y persianas para su colocación.
Los años pasaron volando. Yo seguía sin encontrar la fórmula mágica, pero poco a poco iba mejorando algunos algoritmos. No es que no acertara ningún boleto, pero éste era más por intuición del conocimiento adquirido que por una fórmula. Además, sin herramientas no podía resolver algoritmos complicados.
Cuando en 1977 pude adquirir una calculadora programable, una TI-57 de Texas Instruments con 50 pasos de programación y 8 registros de memoria, se me abrió un mundo. En ella escribí mi primer algoritmo de predicción con los pasos que había de dar para resolver el problema. Aunque éste era muy rudimentario, me sirvió para incrementar los aciertos.
Mi boda junto con la venida al mundo de dos vástagos, me recortó el tiempo que dedicaba en exclusiva al estudio de los algoritmos. Guiado por una pasión desenfrenada durante los años siguientes, la sobrecarga de las tareas dedicadas al almacén y la familia, no me impidieron seguir con el estudio de la estadística. Además, lo complementé con una peña de quinielas y llevar el apartado de apuestas para un periódico “Deportes”.
Años más tarde, en enero de 1985, mi mujer viendo el trabajo que yo realizaba para dar con la fórmula, se apiadó de mi, y me regaló un ordenador personal “Spectrum”. Este recurso me facilitó el trabajo estadístico, pero derivó en una bifurcación inesperada que cambió por completo mi vida.
Fue algo dentro de mí, como una inspiración, un palpito, que me indicó que había encontrado lo que hacía tiempo andaba buscando. Mientras intentaba encontrar la fórmula mágica, aprendí lenguaje Basic y más tarde código máquina. En dos años me atreví a presentar mis trabajos de videojuegos en Dinamic. Al año siguiente entre a trabajar en Opera Soft y un año después fundé en Valencia mi propia empresa Comix. Corría el año 1991 cuando comenzó el derrumbe de la era dorada del videojuego en España y no tuve más remedio que cerrar la empresa.
Varios años después en el 2.000 regresé con fuerza fundando Exelweiss Entertainment y más tarde en 2011 Akamon que se vendió a finales de 2015. Un año después fundé junto mis socios de Exelweiss y Akamon, la empresa NoSpoonlab.
Todo este primer post del blog es para agradecer su lectura, pues tengo la intención de recopilar juegos, experiencias, conocimiento e ideas que se me ocurran y puedan aportar valor. Además, de escribir las anécdotas que no he incluido en mi autobiografía que por cierto, compartiré dentro de poco.
Si estás interesado puedo explicar incluso los estudios de estadística y formulación que hice para acertar los partidos de fútbol.
Gracias y te leo en comentarios. Un saludo.



